Implante mal colocado: qué problemas puede causar

¿Qué ocurre si un implante está mal colocado? Por qué la posición condiciona el resultado

Cuando pensamos en un implante dental solemos imaginar que lo importante es que quede bien fijado al hueso. Pero existe otra cuestión fundamental: dónde y cómo se coloca.

Un implante puede integrarse correctamente y, aun así, encontrarse en una posición que complique el resultado final. Esto sucede porque el implante no funciona de manera aislada: sobre él tendremos que construir un diente que debe encajar con el resto de la boca, permitir una higiene adecuada y relacionarse correctamente con la encía y la mordida.

Por eso, en implantología dental no deberíamos colocar el implante simplemente donde encontramos más hueso disponible. La planificación debe comenzar pensando en cómo queremos que sea el futuro diente y, a partir de ahí, determinar cuál debe ser la posición tridimensional del implante.

Unos pocos milímetros pueden cambiar el resultado

Antes de una cirugía estudiamos la posición del implante en tres dimensiones: su profundidad, su inclinación y su relación con los dientes, el hueso y los tejidos que lo rodean.

Si esta posición no es adecuada, la prótesis posterior puede resultar mucho más difícil de realizar. En ocasiones obliga a crear dientes con formas o volúmenes poco naturales para compensar la posición del implante; en otras puede afectar al perfil de salida del diente desde la encía, dificultar la higiene o comprometer el resultado estético.

Esto adquiere todavía más importancia en los dientes anteriores, donde pequeños cambios en la posición pueden hacerse visibles en la sonrisa. La literatura científica considera la correcta posición tridimensional un elemento esencial para conseguir resultados estéticos predecibles y mantener adecuadamente los tejidos alrededor del implante.

El implante debe colocarse pensando primero en el futuro diente

Una de las claves de nuestra forma de entender la implantología en Clínica Bustillo & López es precisamente esta: planificamos desde el resultado protésico que queremos conseguir hacia la posición que debe ocupar el implante, y no al contrario.

Antes de la cirugía debemos saber dónde queremos que esté el futuro diente, cómo debe relacionarse con los dientes vecinos y con la mordida y qué espacio necesitamos para construir una prótesis adecuada. Con esa información estudiamos el hueso disponible y determinamos la posición del implante.

Puede ocurrir que en esa posición ideal no exista suficiente hueso. En esos casos, la solución no siempre debería ser desplazar el implante simplemente hacia donde haya más hueso. Dependiendo de cada paciente, puede ser necesario recurrir a técnicas de regeneración o reconstrucción que permitan crear unas condiciones más favorables para colocar posteriormente el implante donde realmente lo necesitamos.

Este enfoque, conocido como planificación orientada por la futura restauración, está respaldado por los consensos internacionales en implantología.

¿Qué problemas puede provocar una mala posición?

Las consecuencias dependen de cuánto se aleje el implante de la posición adecuada, de la zona de la boca y de las características de cada paciente. No todo implante ligeramente inclinado está mal colocado ni toda desviación provoca necesariamente una complicación.

Cuando existe una verdadera malposición pueden aparecer dificultades para construir la prótesis, problemas estéticos, zonas más difíciles de limpiar o condiciones menos favorables para los tejidos que rodean el implante. La evidencia reciente también relaciona una posición inadecuada con un mayor riesgo de determinadas complicaciones periimplantarias.

Además, corregir un problema cuando el implante ya está integrado puede ser complejo. En algunos pacientes es posible compensar determinadas situaciones mediante la prótesis o mediante tratamientos sobre los tejidos. En otros casos más comprometidos puede ser necesario valorar la retirada del implante y planificar nuevamente el tratamiento. Por eso, la mejor forma de resolver una mala posición es evitarla desde la planificación inicial.

La planificación forma parte del tratamiento

En Clínica Bustillo & López contamos con más de 20 años de experiencia en implantología y estudiamos cada tratamiento de forma individual. Antes de colocar un implante analizamos el hueso disponible, los tejidos, la mordida y, especialmente, la posición que deberá ocupar el futuro diente.

Conseguir que un implante se integre en el hueso es solo una parte del tratamiento. El verdadero objetivo es que ese implante se encuentre en la posición adecuada para poder construir sobre él unos dientes funcionales, estéticos, higienizables y pensados para mantenerse en buenas condiciones a largo plazo.

Por eso, la pregunta no debería ser únicamente si hay hueso suficiente para colocar un implante, sino si podemos colocarlo en la posición que necesita el futuro diente.

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