Chuparse el dedo: consecuencias en el desarrollo de la mordida

Chuparse el dedo es uno de los hábitos más frecuentes durante la infancia. En los primeros años de vida suele formar parte del desarrollo normal del niño, ya que le aporta sensación de seguridad, calma y confort. Sin embargo, cuando este hábito se prolonga durante demasiado tiempo o se realiza con mucha intensidad, puede interferir en el crecimiento adecuado de los maxilares y en la posición de los dientes.

En consulta, es habitual que muchos padres pregunten si realmente chuparse el dedo puede afectar a la mordida. La respuesta es sí. De hecho, se considera uno de los hábitos orales más relacionados con el desarrollo de maloclusiones infantiles y alteraciones en el crecimiento facial. Diversos estudios han demostrado una asociación directa entre la succión digital prolongada y problemas como la mordida abierta anterior, la mordida cruzada posterior o la protrusión de los dientes superiores.

¿Por qué los niños se chupan el dedo?

La succión es un reflejo natural presente desde antes del nacimiento. Muchos bebés encuentran en este gesto una forma de relajarse, conciliar el sueño o gestionar situaciones de estrés o cansancio.

Durante los primeros años de vida, este comportamiento suele considerarse normal. El problema aparece cuando el hábito persiste más allá de los 3 o 4 años o continúa durante la dentición mixta, momento en el que empiezan a erupcionar los dientes permanentes.

¿Cómo afecta a la mordida?

La presión continua del dedo sobre los dientes, el paladar y los tejidos blandos modifica poco a poco la posición de las estructuras orales.

La gravedad de las alteraciones depende principalmente de tres factores:

  • La frecuencia con la que el niño se chupa el dedo.
  • La intensidad de la succión.
  • El tiempo que lleva manteniendo el hábito.

Cuanto más prolongado e intenso sea el hábito, mayores serán las probabilidades de desarrollar problemas ortodóncicos.

  • Mordida abierta anterior

Es una de las consecuencias más frecuentes.

Los incisivos superiores e inferiores dejan de contactar al cerrar la boca, quedando un espacio visible entre ellos. Esto puede dificultar la masticación de algunos alimentos y alterar la pronunciación de determinados sonidos. La mordida abierta es una de las maloclusiones más asociadas a la succión digital prolongada.

  • Dientes superiores hacia delante

La presión constante del dedo suele empujar los incisivos superiores hacia delante mientras los inferiores tienden a inclinarse hacia atrás. Como consecuencia, aumenta el resalte dental y los dientes superiores pueden verse más prominentes, afectando tanto a la estética como a la función de la mordida.

  • Paladar estrecho y mordida cruzada

Otro efecto habitual es el estrechamiento progresivo del paladar superior. Cuando el paladar pierde anchura, los dientes superiores pueden quedar por dentro de los inferiores al morder, originando una mordida cruzada posterior. Esta alteración no solo afecta a la oclusión, sino también al crecimiento equilibrado de los maxilares.

  • Alteraciones en el habla y la deglución

La posición incorrecta de los dientes y las modificaciones en la forma del paladar también pueden influir en la pronunciación de determinados sonidos y favorecer patrones de deglución inadecuados.

Además, algunos niños desarrollan una posición baja de la lengua o una respiración predominantemente oral, factores que pueden contribuir al mantenimiento de la maloclusión.

¿Cuándo conviene intervenir?

No todos los niños que se chupan el dedo desarrollarán problemas importantes. Sin embargo, cuando el hábito continúa más allá de los 3 o 4 años, es recomendable realizar una valoración odontológica u ortodóncica.

Una detección precoz permite identificar posibles alteraciones del crecimiento y actuar antes de que se consoliden problemas más complejos que posteriormente requieran tratamientos más largos.

¿Puede corregirse la mordida si el niño deja el hábito?

En muchos casos sí. Cuando el hábito se elimina a tiempo, especialmente durante las primeras fases del crecimiento, algunas alteraciones pueden corregirse de forma espontánea o mejorar significativamente.

No obstante, si la maloclusión ya está establecida, puede ser necesario recurrir a tratamientos de ortodoncia interceptiva para guiar el desarrollo adecuado de los maxilares y la erupción dental.

La importancia de la ortodoncia preventiva

La ortodoncia infantil no solo busca alinear dientes. También permite detectar hábitos que pueden interferir en el crecimiento facial y corregirlos antes de que provoquen alteraciones más importantes.

Por este motivo, las revisiones periódicas durante la infancia son fundamentales para controlar el desarrollo de la mordida y actuar en el momento adecuado.

En Clínica Bustillo & López realizamos estudios personalizados del crecimiento facial y dental para detectar de forma precoz cualquier alteración relacionada con hábitos orales como chuparse el dedo, la respiración oral o la deglución atípica.

Un diagnóstico temprano puede marcar la diferencia entre una corrección sencilla durante la infancia o un tratamiento más complejo en etapas posteriores.

 

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